Vuelta a clases sin estrés: 4 estrategias para apoyar a niños y niñas en los primeros días del año escolar

Con el objetivo de poner énfasis en el bienestar emocional de niños y niñas durante las primeras semanas —un período que suele implicar ajustes relevantes en hábitos, exigencias y dinámicas cotidianas—, Fundación Kiri entregó una serie de recomendaciones dirigidas a familias y comunidades educativas para acompañar el regreso a clases de manera contenida y progresiva.

Aunque el reencuentro con compañeros y docentes suele generar entusiasmo, el cambio de horarios, la disminución del tiempo libre y el aumento de las demandas académicas pueden traducirse en mayor cansancio, irritabilidad o nerviosismo. Desde la organización advierten que estas reacciones forman parte de un proceso de adaptación esperable y transitorio.

Antonia Echenique, coordinadora de Formación de Kiri, subraya que el rol de los adultos es clave en este contexto. “Aunque exista motivación por volver al colegio, el ajuste a la rutina puede despertar nervios, mayor sensibilidad o agotamiento. Es importante acoger esas emociones sin corregirlas ni invalidarlas y ayudar a los niños a comprender que lo que sienten es parte natural de los primeros días”, explica.

A partir de su experiencia, la especialista propone cuatro estrategias concretas para acompañar esta etapa: primero, retomar la rutina de manera gradual. Reinstalar progresivamente los horarios de sueño y alimentación permite evitar cambios bruscos que incrementen la sobrecarga. Un ajuste paulatino facilita una transición más estable y reduce la tensión asociada al regreso.

Segundo, generar espacios de conversación significativos después de la jornada escolar. “Más que recurrir a preguntas generales, se recomienda promover diálogos abiertos y específicos, como identificar qué fue lo más fácil o lo más desafiante del día. Este ejercicio ayuda a que niños y niñas organicen su experiencia, integren lo vivido y expresen emociones sin sentirse evaluados”, explica la especialista.

En tercer lugar, enseñar y practicar estrategias simples de autorregulación que puedan utilizar de forma autónoma en el colegio. Técnicas de respiración, pausas conscientes o ejercicios breves de atención pueden transformarse en recursos efectivos frente a situaciones de estrés en la sala de clases o durante el recreo.

Finalmente, la psicóloga apunta a anticipar el día siguiente antes de dormir: conversar sobre cómo será la mañana, qué actividades habrá o qué podría resultar desafiante, contribuye a disminuir la incertidumbre y aumentar la sensación de seguridad.

“Acompañar la vuelta a clases desde la rutina, la validación emocional y la regulación, es una forma concreta de cuidar el bienestar y también el aprendizaje”, concluye Echenique. Desde Fundación Kiri recalcan que el bienestar emocional no es un complemento del proceso educativo, sino una condición habilitante para el desarrollo integral y la convivencia escolar.

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