Febrero pasa rápido y para muchos marca el fin de las vacaciones y el retorno a las rutinas habituales. Son ajustes que implican organización, horarios, responsabilidades y el cuerpo puede traducirlo en un aumento significativo del estrés que resiente la salud bucal.
El bruxismo, el dolor mandibular, la inflamación de encías e incluso la aparición de aftas son algunas de las manifestaciones más frecuentes en esta época del año. “La vuelta a la rutina genera un incremento en los niveles de estrés y ansiedad, lo que puede desencadenar o agravar el bruxismo o los trastornos temporomandibulares. Muchas personas no son conscientes de que aprietan los dientes durante el día o mientras duermen, o de que tienen algún problema en las articulaciones de la mandíbula o en los músculos asociados hasta que aparecen síntomas como dolor de cabeza, cuello o mandíbula, o dificultades para comer o hablar”, explica la Dra. María José Manresa, cirujano dentista y especialista en trastornos temporomandibulares y dolor orofacial de Clínica Mora Pavic.
Bruxismo: una condición multifactorial
El bruxismo es una actividad muscular repetitiva de la mandíbula que puede manifestarse durante el sueño o en estado de vigilia. Se estima que el bruxismo nocturno podría afectar hasta a un 30% de los adultos, mientras que el de vigilia alcanzaría alrededor de un 15%.
Según la especialista, el bruxismo de vigilia está fuertemente asociado a factores de salud mental, como estrés y ansiedad, muy presentes en períodos de transición como el regreso al trabajo o a clases. En tanto, el bruxismo nocturno puede relacionarse con trastornos del sueño (como los ronquidos y la apnea del sueño), consumo de estimulantes (como la cafeína, nicotina, azúcar, bebidas energéticas) y a algunos trastornos gástricos (principalmente el reflujo gastroesofágico).
“El consumo excesivo de azúcar y bebidas isotónicas o energéticas puede alterar el pH de la boca, generando una respuesta involuntaria de apretamiento para estimular la producción de saliva. Con el tiempo, esto favorece el desgaste dental y agrava el cuadro”, detalla la Dra. Manresa.
Encías inflamadas, caries y sequedad bucal
El estrés crónico también puede debilitar el sistema inmune, aumentando el riesgo de gingivitis y periodontitis, enfermedades caracterizadas por encías inflamadas y sangrantes. A esto se suma un factor conductual: la falta de tiempo y el cansancio propios del regreso a la rutina pueden llevar a descuidar el cepillado y el uso de hilo dental, incrementando el riesgo de caries.
Además, los niveles elevados de cortisol o la hormona del estrés, pueden reducir la producción de saliva, generando sequedad bucal o xerostomía. “La saliva cumple una función protectora fundamental, ya que ayuda a neutralizar ácidos y controlar bacterias. Cuando disminuye, aumenta el riesgo de caries, mal aliento e infecciones”, advierte. No es extraño tampoco que en estos períodos aparezcan aftas o herpes labial, asociadas a bajas defensas y cambios bruscos de ritmo.
“Detectar a tiempo el bruxismo es clave para evitar daños irreversibles en los dientes y encías, pero por sobre todo, porque es la alarma que envía el cuerpo sobre un problema de salud que puede ser mucho más importante y que es necesario corregir para mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes”.
Frente al aumento del estrés en esta época, la especialista recomienda: retomar una rutina estricta de higiene bucal, con cepillado al menos tres veces al día y uso diario de hilo dental. Moderar el consumo de azúcar, cafeína y bebidas energéticas. Mantener horarios regulares de sueño e incorporar técnicas de manejo del estrés, como ejercicio físico o pausas activas y, por supuesto, realizar un chequeo odontológico tras las vacaciones.
“El bruxismo no siempre es una condición crónica. Si logramos identificar y controlar sus factores desencadenantes como el estrés, la dieta o trastornos del sueño; es posible revertirlo y prevenir complicaciones mayores”, concluye la Dra. María José Manresa, de Clínica Mora Pavic.










