El aprendizaje y la formación de habilidades creativas son parte del desarrollo fisiológico que tienen los niños y niñas desde sus primeros años de vida. Es en la crianza y en los vínculos primarios en donde se potencian estos aprendizajes, y en donde el rol de la familia y del hogar son fundamentales, entendidos como espacios donde ocurren los primeros estímulos, y también, la integración de ellos mediante la validación de los padres.
La familia (y en primer lugar, la madre) es el hábitat de cada niño y niña durante sus primeros aprendizajes. Es su lugar conocido, desde el cual comienza a comprender el mundo y donde aprende sus primeros ejemplos en cuanto a hábitos, carácter y relaciones humanas, entre otras competencias sociales fundamentales.
Los espacios familiares son un terreno fértil para potenciar el aprendizaje y la creatividad, principalmente, a través del juego, del diálogo y la presencia, ya que es justo ahí donde el desarrollo cognitivo se está alimentando a diario.
El contexto actual, sin embargo, tiende a un estilo de “crianza distraída”, muy interrumpida por los horarios y necesidades del mundo adulto. Las infancias, lamentablemente, crecen con menos momentos de vinculación significativa con sus padres, más solitarias y, por lo mismo, en una constante búsqueda de otros estímulos, como son las pantallas o la vinculación en lugares fuera de su hogar. Los cuentos antes de dormir, los juegos familiares cotidianos o las salidas al aire libre, son también poco frecuentes para algunos infantes.
En la vinculación familiar, cuando los miembros de la familia están presentes asumiendo un rol educativo, se llevan a cabo una serie de ritos cotidianos que son factores protectores de la emocionalidad de las infancias y de su sentido de pertenencia, como lo es, por ejemplo, el compartir las comidas juntos en la mesa y otras instancias donde se hace posible la conversación y escucha de sus gustos, ideas e inquietudes.
El rol de la familia debe mantenerse fuerte en este sentido educativo, ya que en estos vínculos es donde se refuerza la validación de los niños y niñas como sujetos de su propio aprendizaje, potenciándose así su autoconfianza y su curiosidad para explorar y desarrollar su creatividad, en su lugar seguro, con una familia presente y comprometida con su desarrollo integral.
Por Silvia Ochoa Académica Facultad de Educación Universidad de Las Américas










