Importancia de la contención a niños y niñas ante incendios

Los incendios que están afectado a la región del Biobío no solo han dejado pérdidas materiales, sino que han removido profundamente la vida emocional de niños y niñas, alterando sus rutinas, sensación de seguridad y vínculos que les daban estabilidad. Muchas familias están cansadas y preocupadas, intentando sostener a sus hijos mientras también buscan recomponerse.

Desde la educación parvularia creemos algo fundamental, los niños y niñas perciben que algo grave ha ocurrido. Aunque no siempre puedan ponerlo en palabras, perciben el miedo, tensión y cambios del entorno. Por eso, evitar el tema, no los protege. Lo que más necesitan es un adulto presente, disponible y honesto.

Acompañar emocionalmente no significa tener todas las respuestas ni saber exactamente qué decir, sino simplemente estar. Realizar acciones simples que entreguen seguridad en medio de la incertidumbre. Una de ellas es mantener rutinas básicas, aunque todo no esté en orden. Los horarios de comida, sueño y momentos de juego ayudan a que niños y niñas vuelvan a sentir cierta anticipación. En la primera infancia, la rutina es contención.

También es importante hablar de lo ocurrido con palabras simples, sin detalles innecesarios ni promesas irreales. Frases breves y claras permiten que comprendan sin sobrecargarse emocionalmente. Del mismo modo, es fundamental validar lo que sienten. El miedo, el llanto, la rabia o incluso el silencio son respuestas esperables frente a una situación de emergencia. No todos los niños y niñas reaccionan igual, ni al mismo tiempo.

El juego cumple un rol central en este proceso. En la educación parvularia constituye un lenguaje propio. A través de él, niños y niñas pueden expresar sus emociones, liberar tensiones y recuperar la sensación de control. No se requieren materiales especiales ni actividades estructuradas; el juego libre, acompañado por un adulto disponible, es suficiente.

El rol de apoyo de la familia extendida y la comunidad cercana es fundamental, ya que los padres o adultos significativos están enfocados en las tareas propias de la reconstrucción. Esta, después de los incendios no es solo material, es también emocional y de vínculos. Poner a la infancia en el centro significa que comprender es acompañar con presencia, rutina y juego, y es una de las formas más profundas de volver a sentir seguridad.

Por María Loreto Bustamante Directora Carrera de Educación Parvularia Universidad de Las Américas, Sede Concepción.

 

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