Cualquiera podría hacerlo
lunes 11/01/2010
Periódicamente, les acompañaré con diversas columnas, a través de las cuales, deseo presentarles diversas reflexiones que permitan ir creciendo en la vida y entregar valores desde mi perspectiva de Educador.
Se cuenta que en una ocasión Cristóbal Colón fue invitado a un banquete donde se le había asignado, como es natural, un puesto de honor.
Uno de los invitados era un cortesano que se sentía muy celoso del gran descubridor. En cuanto tuvo ocasión, se dirigió hacia él y le preguntó de forma un tanto altiva:
- Si usted no hubiera descubierto América, ¿acaso no hay otros hombres en España que habrían podido hacerlo?
Colón prefirió no responder directamente a aquel hombre. Le propuso un juego de ingenio. Se levantó, tomó un huevo de gallina fresco e invitó a todos los presentes a que intentaran colocarlo de forma que se mantuviera sobre uno de sus extremos. La ocurrencia tuvo bastante aceptación. Casi todos los presentes entraron al reto de aquel juego y lo intentaron uno tras otro, con mayor o menor convicción, ante la atenta mirada de los demás. Pero pasaba el tiempo y ninguno lograba encontrar el modo de que aquel huevo guardara el equilibrio.
Finalmente, Colón se levantó de nuevo, con aire solemne, se acercó, tomó el huevo y lo golpeó ligeramente contra la superficie de la mesa hasta que se hundió un poquito la cáscara de uno de los extremos. Gracias a ese pequeño achatamiento, se mantenía perfectamente en posición vertical.
- ¡Claro, de esa manera cualquiera puede hacerlo! - objetó, algo alterado, el cortesano.
- Sí, cualquiera. Pero “cualquiera” al que se le hubiera ocurrido hacerlo.
Y añadió: - Una vez que yo mostré el camino al Nuevo Mundo, “cualquiera” puede seguirlo. Pero “alguien” tuvo antes que tener la idea. Y “alguien” tuvo después que decidirse a llevarla a la práctica.
Esta vieja y conocida anécdota ha traspasado los siglos y llevado a acuñar la expresión de “el huevo de Colón”, para referirse a esas soluciones en apariencia son muy sencillas, pero... “alguien” tenía que haber pensado en ellas, y “alguien” después tenía que haberse lanzado a hacerlas.
Esa es nuestra tarea de hoy. Lo primero no desmerecer el trabajo de nadie, por muy sencillo que parezca. Una cosa es idearlo y tener la iniciativa y el coraje de realizarlo; pero otra muy distinta es querer realizarlo cuando otros ya buscaron soluciones. Incluso habla mal de quienes sólo “se cuelgan” del trabajo de otros.
Por eso te invito a revisar nuestras propias iniciativas… ¿haz aportado soluciones concretas en tu trabajo, colegio o comunidad? ¿Piensas en ideas nuevas y te propones realizarlas? ¿Miras con desprecio el trabajo o ideas de los otros?
Ahora es tiempo de mejorar nuestras relaciones familiares y entre amigos, es tiempo de mejorar nuestra ciudad y así estaremos construyendo un mundo más justo y más humano.