El árbol de los problemas
lunes 19/04/2010
El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se dañó y lo hizo perder una hora de trabajo y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar
Mientras lo llevaba a casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.
Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó o a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa.
Posteriormente me acompañó hasta el carro. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo que lo había visto hacer un rato antes.
“Oh, ese es mi árbol de problemas”, contestó.
“Sé que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego en la mañana los recojo otra vez”.
“Lo divertido es”, dijo sonriendo, “que cuando salgo en la mañana a recogerlos, ni remotamente hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior”.
Muchas personas llevan tanto los problemas de sus trabajos a sus hogares como de sus hogares en sus trabajos. Esto es algo que pasa muy a menudo y actúa como una bomba de tiempo, es decir, poco a poco irá debilitando nuestras relaciones, hasta nuestra felicidad.
Tampoco la idea es vivir en una burbuja, o menos ocultar cosas a tu familia, los que incluso te podrían ayudar. Pero cuidado, porque cuando eso es todos los días, empieza a afectar en tu hogar y a los tuyos, entonces ya llegó el momento de buscar un árbol de los problemas para dejarlos afuera de la casa.
No es vivir con corazas, sino que desde la realidad, elegir disfrutar a los tuyos y aprovechar cada momento a gozarse mutuamente en la casa, y de paso, poder rendir en tu labor diaria.
La enseñanza es grande y muchas personas en este mundo acelerado se desquitan con los seres amados por cosas que ni siquiera son culpables.
Que esto no nos impida ser felices.